27 de enero. Día internacional por la memoria del Holocausto.
Mónica Maydez.
Hoy, hace setenta y cinco años,
las tropas soviéticas del campo de exterminio Auschwitz liberaban al pueblo
cautivo del Tercer Reich comandado por Adolf Hitler. Corría el año de 1945, un
año lleno de neblina para el pueblo judío; su sufrimiento y persecución habían
comenzado en 1933, tras la toma de poder
de los nacionalsocialistas.
Este partido, los nazis,
implementaron una política y práctica antisemita de persecución para eliminar
al pueblo judío. Ese era su objetivo, ¡eliminarlos! Borrarlos del mapa como si
nunca hubiesen existido.
La historia de este pueblo, “el
pueblo de D.os”, comienza justo cuando comienza la historia del hombre[1].
El pueblo alemán surgió en el año 920, aproximadamente. Quizá es momento de
recordar que “el primero en tiempo, es el primero en derecho[2]”.
Bien, por otra parte, también es momento de recordar que, el Tercer Reich, no
fue el primero en querer destruir al pueblo hebreo, pues ya de forma histórica,
encontramos antecedentes de este tipo en la literatura bíblica.
Por todo el mundo es sabido lo
que padeció aquel pueblo en los campos de concentración. Quizá no venga a
colación recordarlo. Todos nos hemos enterado, sea por películas, sea por
libros, sea por historiadores, etc. de las atrocidades que les hicieron pasar
con el fin de exterminarlos.
El escritor Primo Levi,
sobreviviente de este oscuro capítulo de nuestra historia, pensaba que lo mismo
podría ocurrir en cualquier momento en otro país, lo único que faltaría sería
financiamiento.
En el año 2017, corrió por el
mundo, la noticia de que en Chechenia, Rusia, habían creado unas cárceles
clandestinas. ¿Su finalidad? Hacer una purga de homosexuales. Periodistas los
llamaron: “campos de concentración para homosexuales”.
En 2019, leí la noticia de que,
en el Noroeste de China se llevaba a cabo una tremenda violación de derechos
humanos en contra de las minorías islámicas. Aquí tenía la finalidad de
reeducar a los musulmanes. A pesar de la denuncia de periodistas, no se ha hecho
nada contra este “Genocidio cultural”.
No vayamos tan lejos, aquí mismo
en nuestro país, vivimos un holocausto en contra de nuestras mujeres. Si bien
es cierto, no existe un campo donde estén concentradas, al día asesinan a diez
mujeres en promedio.
Ahora bien, ¿Cómo se inician
estos atentados en contra de grupos vulnerables? Con la palabra. Con los, tan
señalados, discursos de odio[3].
Estos siguen siendo un foco rojo. Existen grupos religiosos que dan discursos
de odio en contra de homosexuales, lesbianas, transgénero, etc. sus nefastas
palabras resultan en la discriminación a estos grupos.
Me recuerda a la evangelización
forzada que hicieron los españoles al pisar nuestra tierra[4].
Quien no acepta la doctrina que para ellos es verdad absoluta, entonces lo
consideran candidato para morir. Estos grupos extremistas portan sangre nazi en
sus venas. Buscan exterminar lo que para ellos no debería existir. Tal como lo
hicieron los Nazis con el pueblo hebreo.
Utópicamente, nuestra vida
debería desarrollarse de forma discreta sin que nos afecta lo que hace el de a
lado, porque al final, si está bien se beneficiará solo él y si está mal, solo
él sufrirá las consecuencias.
Este es un momento para honrar a
las víctimas de dicho pogromo: judíos, homosexuales, gitanos, discapacitados, personas
de piel negra, opositores políticos. ¿Por qué? Porque según el Tercer Reich
buscaban crear una población perfecta, sin defectos y, ante sus ojos, todos
estos grupos estaban defectuosos.
Lo más lamentable radica en que,
actualmente, existen grupos neonazis que propagan la ideología del nacionalsocialismo.
Se caracterizan por ser machistas, violentos, homofóbicos. Esos grupos se
dedican a reclutar jóvenes con el fin de expandir su ideología. Siguen
anhelando la superioridad racial.
Quizá no haga falta pertenecer a
un grupo como tal neonazi, ni tampoco vivir en Alemania. Tan solo observemos la
fuerte discriminación que existe en nuestro país.
“Que las víctimas de la segunda guerra mundial gocen del descanso
eterno en el Edén”.
[1]
Esto con base al libro sagrado de los hebreos: Torá.
[2]
Hace referencia a un principio general del Derecho.
[3] Se
diferencian de la libertad de expresión porque transgreden derechos humanos.
[4]
Sea cual sea nuestra creencia religiosa, lo ideal es respetar las creencias
religiosas de los pueblos, conservarlos como son, para que no pierdan su esencia.



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