Primo Levi, un superviviente del Holocausto.

 



Mónica Maydez.


"Considerad si es un hombre
quien trabaja en el fango
quien no conoce la paz
quien lucha por la mitad de un panecillo
quien muere por un sí o por un no.
Considerar si es una mujer
quien no tiene cabellos ni nombre
ni fuerzas para recordarlo
vacía la mirada y frío el regazo
como una rama invernal"


Nació en 1919 en Turín. Veintitrés años después (1943), justo cuando brillaba su juventud, fue deportado a Auschwitz. Te hablo de un judío, escritor y superviviente del holocausto. Primo Levi fue liberado en 1945 y en 1946 escribió su primer libro donde redacta las degradantes vivencias en el campo de concentración.

Este escritor se definía a sí mismo como tres cuartos italiano y un cuarto judío; esa cuarta parte suya lo llevó a vivir degradaciones y humillaciones por parte del régimen nazi; no creció con educación religiosa, por lo que era un judío que no hablaba hebreo. Justamente, su conciencia como judío le llegó a través de las leyes raciales establecidas en la Italia de Mussolini.

Contrariamente a la ideología sionista, él decía que el centro del judaísmo estaba en la Diáspora. Sus posturas le resultaron en relaciones marcadas por la dificultad con la comunidad judía.

La columna vertebral de su obra literaria es el pogromo y la vida dentro de los campos de exterminio. Dejando a un lado la revictimización, Levi consideró ese episodio de su vida como el trampolín que necesitaba para realizarse como escritor. Químico de profesión, dejaba entrever su gusto literario, jamás dejó de desempeñarse como tal por ser la parte que le permitía obtener ingresos, antes claro, de consolidarse como escritor.

En su trilogía: Si esto es un hombre, La tregua y Los hundidos y los salvados, expresa su sentir en el Lager, como él prefería llamar a los campos de exterminio, así como deja claro que quienes sobrevivían era por los buenos lazos que lograban hacer, apartando por completo la parte religiosa y los milagros. Eran personas que, de cierta manera, habían encontrado la forma de obtener una vida digna dentro del Lager. Digna en comparación con quienes se debatían entre la vida y la muerte con las tareas, a veces absurdas, que les imponían los militares.

Claro, las experiencias que redacta son monstruosas e inhumanas; desde su óptica, él comenta que la comida no era tan desagradable si consideramos que era lo único que tenía para sobrevivir. Pudo trabajar en la enfermería del campo, lo que le permitió dormir en un espacio solo para él y con una cobija en los tiempos invernales.

En Los hundidos y los salvados, Primo, reflexiona sobre el pogromo y el olvido; refleja miedo al porvenir en esta frase: “Ha sucedido, y por consiguiente, puede volver a suceder; esto es la esencia de lo que tenemos que decir”. Y es que justamente él consideraba que ese suceso podría repetirse en cualquier parte del mundo so pretexto de legislaciones morales, ideas religiosas, racismo, discriminación, etc. lo único que falta para que esto se repita, es dinero.

Haber vivido en un lugar donde debió proteger su mayor tesoro que era una cuchara, una cobija y medio trozo de pan, hace que, el contar hoy con su obra, sea un privilegio y un tesoro literario.

Primo Levi murió en 1987. Muchos creen que se suicidó de una manera vulgar, ya que, al ser químico, bien pudo hacerlo de una manera más  limpia y sutil. Otras personas aseguran que su muerte obedeció a un mero accidente. Cayó del tercer piso de su casa.

Sus letras han permitido saber, a expertas y expertos, que la amargura era la fiel compañera de este escritor. Por lo tanto aseguran que sí, efectivamente, él se quitó la vida.

Lo importante en este 2021 es comprender que su obra no solo deja el legado de la historia, sino el del porvenir también, al leer a Primo Levi, asociamos actos discriminatorios que acontecen en nuestro contexto social, tal como el rechazo a otras formas de amar diferente a la heterosexual, y esto predicado bajo el nombre de un dios que asegura un infierno y castigo eterno para quienes no acaten esta forma de romance.

La comunidad judía, por ejemplo, sigue inmersa en una eterna discriminación. En el mundo existe, otro ejemplo, una clara islamofobia. Ahora, en nuestro país, la discriminación que sufrimos como mujeres nos ha llevado a ser el número uno, en Latinoamérica, en feminicidios.

Resta preguntarnos y reflexionar: ¿Podrá existir otro genocidio como el acontecido bajo el nacionalsocialismo? ¿Qué es lo único que le faltaría a aquellos grupos que desean realizarlo? ¿Dinero?   

 


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