El vino en la literatura bíblica.
Por:
Mónica Maydez.
Tomar vino no solo no está
prohibido, sino que la literatura bíblica nos habla de la importancia de esta
bebida. La biblia lo nombra ciento nueve veces.
Después de
finalizado el diluvio, Noaj y su familia salieron del arca y nos cuenta el
relato que lo primero que hizo fue labrar la tierra y, posteriormente, plantar
una viña. El siguiente verso nos cuenta que bebió del vino y se embriagó. Lo
cual nos habla de la primera persona de quién se supo borracha en la historia.
Bereshit 9:20-21
Del versículo 20 al 21 transcurre
más o menos un año, esto entre la plantación y todas las fases que comprende el
ciclo de la vid. Se sabe que el vino que entonces se fabricaba no es para nada
como el que tomamos ahora, pues incluso le añadían leche y miel para beberlo.
Estamos ante la reconstrucción
del mundo y lo primero que nos cuenta que se plantó fue una viña. Vamos
comprendiendo entonces la importancia del fruto de la vid: jugo de uva y vino.
La Tanaj nos advierte sobre el hecho
de beber en exceso dicha bebida. Tal como lo que le pasó a Noaj, pues nos dice
el versículo 21 que “…se embriagó y se
desnudó en su tienda”. Quizá no conocía los efectos de beber demasiado.
Aquí es cuando su hijo Jam (Cam)
lo descubre durmiendo desnudo y llama a sus hermanos Shem y Iefet. Pero estos
dos actuaron diferente y cubrieron las partes íntimas de su padre. Por ello
Noaj maldijo a Jam y le aseguró que su hijo Cnaan sería siervo de los hijos de Shem y Iefet. Sabemos que de Shem surgen los shemitas (semitas) y todo el
pueblo hebreo.
El vino es tan importante para el
judaísmo que Israel fue llamado la viña
del Señor. Y se usa en las fiestas judías, como en el Shabbat, el Kidush,
la noche de Pesaj, en Purim beben hasta no conocer la diferencia entre el bien
y el mal.
El segundo hombre de quien se
sabe se emborrachó, fue Lot, que como consecuencia tuvo relaciones sexuales con
sus dos hijas. Entonces sabemos que beber grandes cantidades de vino nos hará
perder la cabeza. (Bereshit 19:31-38)
Ahora, no solo para los judíos
tiene relevancia esta bebida; la figura de Yashua HaMashiaj está asociada a
ella y por ende al cristianismo; primero cuando convierte agua en vino de buena
calidad mientras compartía en una boda, después en la última cena, bebiendo e
invitando a sus apóstoles. Esto, por supuesto lo encontramos dentro de los
cuatro evangelios.
Para los musulmanes el vino es “Jaram”,
es decir, pecado. Obviamente lo basan en una sura del Corán.
Actualmente, hay
congregaciones donde el líder les prohíbe beber alcohol, incluso vino. Ya que
bueno, lo consideran como pecaminoso; a la luz de la Tanaj o del Nuevo
Testamento, nos damos cuenta que no está prohibido, al contrario, el vino
resulta importante y se permite tomar, por ejemplo, en Pesaj, los judíos pueden
beber cuatro copas de vino y en Purim, como ya lo mencioné, beben vino hasta
desconocer entre el bien y el mal, es decir, pueden emborracharse. Ahora, en
Shabbat, también beben una copa.
Conviene quitarnos
prejuicios y beber con mesura, además el vino es algo delicioso, el realizado
con la uva Syra (Shiraz) es plácido, además el nombre es tomado de la ciudad homónima
ubicada en Irán, Persépolis. Actualmente se planta en Francia, Australia,
Sudáfrica, Nueva Zelanda y España.
Aunado a la
historia, el vino posee beneficios para nuestro organismo. Te invito a escudriñar
por ti mismo y a darte cuenta que no es malo beber vino, alza tu copa: ¡LeJáim! (Por la vida).



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