Una mirada al Islam. 2/5. Mohamed.
Por: Mónica Maydez.
Segunda parte: Mohamed, el sello de los profetas.
Después de
comprender el linaje árabe, vayamos al siglo VI d. de C. a la Península
arábiga; aquí acontece el nacimiento de Mohamed (Mahoma es la latinización del
nombre). Hijo de Abdallah y Amina; el nacimiento estuvo lleno de sucesos
mágicos, como el hecho de que el abuelo del niño contara que nació circuncidado
y que el cordón umbilical apareció cortado ante el asombro de la comadrona.
Además de esto,
se cuenta que la noche del parto, se derrumbaron cuatro torres del palacio
Medain, el gran lago Sawa se secó para siempre y el río Tigris se desbordó.
Se dice también
que Mohamed nació con una lupia en la parte superior de la espalda y entre los
hombros, era redonda, carnosa y cubierta por una gran cantidad de pelos. Por ello,
muchos lo consideraron como el sello de la profecía, además de no reconocer
otros profetas después de él en el Islam.
Aunado a todo
eso, se cree que Mohamed fue un niño excepcional, pues caminó desde los tres
meses, a los siete ya corría y a los diez, participaba en juegos de los niños
de dos y tres años.
Mohamed “el
glorificado”, era un niño prodigio que causaba asombro, más no miedo, pues se
creía que poseía “baraka[1]”.
A Mohamed se le
atribuyen hechos milagrosos desde los doce años, cuando, mientras descansaba de
cuidar de los camellos, se apoyó en un árbol seco que inmediatamente floreció y
de él brotaron frutos y ramas que en seguida dieron sombra al elegido de Alá.
Este personaje
predicaba utilizando metáforas relacionadas con el cielo, el mar, los caballos,
las estrellas, la noche, el sol, el oasis, etc.
Mohamed era ya
un joven de veinticuatro años que aún no se casaba, entonces comenzó a trabajar
para Kadidja, una viuda de cuarenta años y madre de dos hijos; sobre todo
poseía fortuna en gran manera y negocios, podríamos asemejarla a una empresaria
de hoy día. Se sabe que era una mujer hermosa. Buscaba un hombre de confianza
para sus negocios, cuando le fue recomendado el profeta.
Así, Mohamed
trabajó para ella y esto lo llevó a vivir en las tiendas de los beduinos, a
comer con ellos y escuchar sus poesías. Kadidja se enamoró de él y él aceptó
casarse con ella; por dichas condiciones se ha llegado a sospechar que el
profeta aceptó por mera conveniencia.
El día de la
boda Abu Talib, tío del joven, pronunció un discurso bendiciendo a la pareja
que comenzó así:
“-¡Loado sea Dios, que nos hizo nacer de la
estirpe de Abraham, de la tribu de Ismael; que nos encargó la defensa de la
santa casa y del santuario; que ha cubierto y defendido todo lo que poseemos;
que nos puso como comandantes sobre la tierra.”
Los hijos del
profeta:
- Qasim
- Menaf
- Altajis
- Ruqaya
- Zainab
- Umm Kultum
- Fátima.
Los tres
primeros fueron varones y las siguiente cuatro, mujeres. Todos murieron siendo
muy jóvenes, excepto Fátima quien fue la única que tuvo descendencia.
Mohamed era un hombre de fe. Por ello
acostumbraba retirarse al monte Hira a meditar, repetía las costumbres
cristianas, hebreas y persas.
Fue el ángel Gabriel
quien se le aparecía para revelarle la voluntad de D.os, para dictarle los versículos
del Corán: ¡Oh, Mohamed, tú eres el
apóstol de D.os, y yo soy Gabriel! Su esposa fue la primera en apoyarlo y
en creer aquellos Suras que el profeta comenzaba a repetir, dictadas por el
ángel. Justamente aquí difiere con los libros bíblicos al entender que la
Biblia fue escrita por inspiración divina y el Corán, fue dictado por el Ángel
Gabriel. Una sura, expresa:
“¿Por qué no descendió el Corán, sobre él,
en una oración única?
Para fortalecer tu corazón; te lo hemos
salmodiado gradualmente.
Y no te llega ni una sola parábola,
Sin que yo procure la verdad
Y la mejor explicación”.
Los
historiadores mencionan que, en la labor de predicar la nueva fe, Mohamed fue
sujeto de burlas, injurias y maldiciones por aquellos que no le creían. Entonces
en el Corán fue escrito: (Mucho ojo)
“Los cielos y la tierra glorifican al Eterno
misericordioso. Dios odia a los que con sus acciones desmienten sus palabras. Y
ama a los que combaten por la fe, mostrando el valor de mantenerse en la fila,
cerrándola como si fuera un muro impenetrable… Creed en Dios y en su enviado;
combatir entre los estándares de la fe; realizar el generoso sacrificio de
vuestras vidas y vuestros bienes… Habitaréis en el Edén, gozando de la suprema
felicidad.”
Respecto a la
poligamia, el profeta la permitió, dado que él mismo tuvo varios matrimonios;
esto le agradó bastante a sus seguidores varones que hasta hoy, esta práctica
se permite, siempre y cuando, el marido mantenga en las mismas condiciones a la
primera esposa como a las siguientes. Digamos que es un privilegio para los musulmanes más ricos.
Esta se vuelve a
groso modo la historia del profeta del Islam. Si decides sumergirte en su
biografía, descubrirás detalles interesantes, aunque no trascendentes para
conocer la historia del Islam.
Contrario a los
evangelios, por ejemplo, donde se narra vida y hechos de Yashua, resulta que el
Corán, escasamente, menciona a Mohamed; Ruthven menciona: “Lejos de ser Mohamed el autor del Corán, en un sentido
histórico/literario, el Corán es el autor de Mohamed”.
Lo único que
Mohamed hizo fue reformular y limpiar la fuente cristalina del monoteísmo pues
siguió sus orígenes desde Adán. No se trató de nada nuevo.
Chiitas y Sunitas.
Alí, primo de
Mohamed y esposo de su hija Fátima, fue presentado por el propio Mohamed como
su sucesor; sin embargo y como en todo grupo social, hubo quien lo aceptó y
hubo quien lo rechazó. Los que lo apoyaban fueron llamados Chiitas; este grupo
siempre ha sido una minoría y siempre han mantenido la pureza de sus enseñanzas
mediante sus tradiciones; contrario sensu, los sunitas hicieron del Islam el
mayor poder político del mundo, conquistaron Egipto, Siria y Asia central. Alí,
tuvo su califato, siendo el cuarto en la historia musulmana.
Quienes
instituyeron al Islam como religión, fueron los seguidores de Mohamed y no
propiamente Mohamed.
Al final, y es
lo más interesante, cada lector podrá crear su propio juicio.
Finalizo este artículo con esta reflexión de Mohamed:
“Hay tres cosas destructivas en la vida: la
ira, la codicia y la excesiva estima de uno mismo”.
Fuentes consultadas.
Blatt,
Roberto. Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios. 2016. Madrid.
Hasan, N.
Una breve historia del Islam. 2015. República Islámica de Irán.
Scott, C.
Mahoma. (2012). Madrid.



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