Dvorá.
Madre en Israel.
Por: Mónica Maydez.
El libro de Jueces (Shoftim) nos cuenta la
historia, justamente de quienes juzgaron a los hijos de Israel, cuando el
pueblo hacía lo malo ante los ojos de D.os. Mismo Elohim levantaba jueces y
resulta que, después de 80 años de reposo de la tierra, Dvorá fue levantada
como jueza de Israel, además era profetiza, igual que el profeta Samuel, por
ejemplo.
Era considerada por HaShem como
una mujer entendida y le fue dado el pueblo para que lo juzgara: Jueces 4:5 “y acostumbraba sentarse bajo la palmera de
Dvorá, entre Ramá y Bet-el, en el monte Efraín; y los hijos de Israel subían a
ella a juicio”.
Estamos ante una mujer que
juzgaba a todos, incluidos a varones. Una líder.
Actualmente, las congregaciones
dicen que no puede haber mujeres “pastoras” o “líderes” ¿Será? De ser así ¿por
qué D.os levantó a esta mujer como jueza en Israel, hablamos de un D-os que no
se equivoca, dado que su naturaleza es perfecta. ¿Entonces?
¿Será que los hombres líderes de
iglesias actuales no quieren que las mujeres sean líderes de congregaciones? A
ver, si estuviéramos ante un D.os misógino, esto jamás habría pasado, porque no
confiaría en una mujer para darle el mandato de su pueblo y menos para hacerla
profeta.
D.os no es misógino, el misógino
es el pastor que piensa que las mujeres necesitan cuidado o protección de otros
hombres, cuando lo que necesitamos es respeto y reconocimiento de nuestras
cualidades. Con este pasaje, D.os nos muestra que las mujeres poseemos la misma
capacidad de liderazgo que un hombre.
Incluso fue profeta. D.os jamás
dijo: “Tú no porque eres mujer y como
mujer eres una princesita que necesita ser cuidada”.
Al contrario, le dio el liderazgo
de su pueblo y puso en sus manos la confianza de juzgar a sus hijos.
Muchos pastores dirán que eso ya
no pasa, que eso es cosa del antiguo testamento y otros dirán que fue una
excepción el que esta mujer fuera una
jueza y profetiza. Yo creo, como lo menciono en mi ensayo “La Palabra: ayer,
hoy y mañana”, que muchas cosas se manejan a conveniencia de quien se considera
pastor levantado por D.os.
Otra cosa importante que me
gustaría resaltar con este pasaje, es que ahora debemos entender que D.os no
hace acepción de personas al momento de revelar su palabra o para cumplir su
propósito. Igual se revela a una mujer que a un hombre. Igual podría ser a
alguien que no es de su pueblo, a un injerto, igual que a Rut o bien, podría
ser para destruir a los enemigos de su pueblo, como el caso de Yael; o para
iniciar una generación, como el caso de Sara.
No hay consentidos para D.os, el
trato puede ser igual o no, eso quizá dependa de nuestra relación con Él.
El Talmud nos explica que Dvorá juzgaba debajo
de una palmera por cuestiones de reputación, al no tener que encerrarse con
extraños en un cuarto, ella lo hacía para alejarse del pecado del adulterio ya
que ella se dedicaba a enseñar las leyes de la Torá frente a un numeroso
público. Actuaba con congruencia.
Otro punto digno de destacar, es
que en el Talmud se refiere a que el esposo de Dvorá no tenía capacidad para el
estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos; ella le preparaba mechas
para que él llevara al Tabernáculo y de esta forma lograría que su esposo
tuviera mérito.
Al verla, D.os le dijo: “-Dvorá,
tú te has preocupado para que mi casa esté siempre bien alumbrada, entonces yo
me ocuparé de que tú traigas luz en todo Israel y frente a los doce shebatim” (tribus). La que tenga oídos,
que oiga.
Estamos entonces ante una mujer
digna de ser estudiada, de ser imitada, de ser puesta como ejemplo no solo a
mujeres, a hombres también y sobre todo, entenderla con una mirada femenina de
liderazgo y bendecida por el Eterno.



Comentarios
Publicar un comentario