Sobre la angustia. (Salmo 20)

 


Por: Mónica Maydez.

 

2: Que Dios te responda en el día de la angustia, que te fortalezca el nombre del Dios de Yaakov; 3: Que te envíe tu ayuda desde el Santuario, y desde Tzión te soporte.

La angustia es una emoción displacentera, proviene del griego “Angor” que significa “Yo estrangulo”, entonces, los síntomas característicos de la angustia son constricción y sintomatología respiratoria.

Ahora, la angustia puede ser el resultado de un acto insatisfecho, es decir, algo que no hemos podido lograr, ya sea por nosotros o por las circunstancias. Un ejemplo claro, ahora por la pandemia que vivimos en el año 2020 gregoriano, es que muchas personas han perdido el trabajo de donde obtenían el sustento y eso les causa angustia.

Algún problema familiar, una discrepancia con la pareja, una situación en los estudios o con los hijos, etc. El ser humano experimenta constante angustia por la vida que vive, que está inmersa en el mundo, con la confianza puesta en las cosas mundanas.

Bien, la angustia es algo que nos permite crecer en la fe y que por eso el Eterno nos permite vivirla. Cuando no comprendemos del todo la Palabra del Dios de Yaakov, lo culpamos y pensamos que no nos ayuda, que no nos oye, incluso podríamos pensar que él nos ha mandado dicha angustia; quizá así sea, como cuando endureció el corazón de Faraón, pero al igual que en aquella ocasión, el Eterno tiene un plan en mente.

Ese plan va de la mano con su propósito de moldearnos. D.os tiene un sumo cuidado en cada uno de nosotros, nos cuida de una forma personal y única. Nos da a cada quien lo que necesitamos para acrecentar nuestra fe, para servirle, ¿lo grandioso? Que siempre está de nuestro lado.

Tal es el caso de cuando mandó a Moshé a pedirle a Faraón que librara a su pueblo, quizá podría parecer contradictorio: Lo manda y a la vez endurece el corazón de Faraón, ¿no? Lo hizo para mostrar su Poder, Sus Maravillas en la vida de su pueblo, para que este lo engrandeciera y hablara de eso hasta hoy, en nuestros días.

Lo mismo hace con cada uno de nosotros, nos angustia, pero es con el fin de mostrar su Grandeza en nuestras vidas. Tanto nos ama que nos permite angustiarnos, mas no desfallecer. Al pasar de la angustia, nos postramos ante sus pies agradeciéndole la lección y el aprendizaje.

Si tienes hijos, podrás comprender lo siguiente: Van al supermercado y el niño ve un carrito a control remoto que le encanta, pero tú le dices que sí se lo comprarás pero la siguiente semana y así pondrás a prueba su actuar en casa (Que tienda su cama, que coma sin levantarse de la mesa, que se duerma temprano, etc.), aunado a esto, el empleado del super les dice que son los últimos días de la venta de dicho carrito. A partir de ahí, tu hijo experimentará una angustia terrible todos los días y quizá cada día te pida que vayan a comprarlo, pero tú eres firme y dijiste una semana.

Esa angustia que le causas a tu hijo, le permite ser constante en sus hábitos y en sus quehaceres del hogar. El siguiente fin de semana, cumples tu palabra y van por el carro y lo compran. La angustia de tu hijo pasa, te agradece y además la lección está aprendida.

Lo mismo hace el Eterno con nosotros. Nos moldea como alfarero nuestro que es, y la angustia se vuelve parte de todo esto. Más como refiere el inicio del salmo 20:

“Que Dios te responda en el día de la angustia, que te fortalezca el nombre del Dios de Yaakov”

Si actualmente vives en angustia y crees en el Dios de Israel, no temas, seguro que hay una lección que debas aprender, recuerda que es parte de la formación que recibimos de nuestro Abba Kadosh.

 

Baruj HaShem.


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