La Palabra: ayer, hoy y mañana.


 

Por: Mónica Maydez.

Comencé a conocer sobre la Palabra en el año 2011, con un grupo de protestantes. Entendí una cosa: Leer la Biblia, hipnotiza,  seduce, intriga y enamora. Sumergirte en el estudio de la literatura bíblica es algo inmenso, monstruoso y,  paralelamente, maravilloso. Toda persona, creyente o no, que comienza a estudiar los libros bíblicos, difícilmente podrá parar.

Hay algo, los grupos de protestantes (al menos a los que asistí) comentaban dos cosas curiosas:

1.       El Antiguo Testamento no es para nosotros, solo el Nuevo pues es ahí donde se revelan las buenas nuevas de Cristo; y

2.       Los judíos están errados por no aceptar como mesías a Cristo.

Solo menciono dos, aunque en ese andar haya detectado bastantes, ahora me concentraré en estas.

El Antiguo Testamento, no solo es importante, es necesario para todos los que estudiamos Tanaj, para conocer más a ese D.os del que habla, para entender nuestros comienzos y nuestro futuro como especie, como humanidad.  Los libros de la Torá, por ejemplo, siguen siendo estudiados y cada vez, revelan algo nuevo, algo diferente, algo apasionante. Nos habla del patriarca Abraham, el Caballero de la Fe, como lo llamaba el filósofo Søren Kierkegaard y del cual podemos encontrar todo un tratado hecho por este filósofo y teólogo danés que además es identificado como el padre del existencialismo.

Abraham y Sara, cuya matriz fue abierta por Elohim para concebir a Isaac a los noventa años y que por eso creemos en los milagros respecto a la matriz estéril. Como dice aquel dicho popular pronunciado en Israel: “En Israel el que no cree en milagros no es realista”. Toda la base y cimientos de la fe, está en la Torá. Temor y temblor, es el ensayo del filósofo Kierkegaard, por supuesto, un tratado bastante controversial y criticado por otros filósofos, por ejemplo, Martin Buber, filósofo judío, decía: “La acción de Abraham, tal y como es presentada en temor y temblor, suprime la inmoralidad de lo inmoral. Abraham no puede presentarse como un modelo a seguir, dado que se trata de una excepción, lo que Dios pide al hombre es hacer justo lo contrario, es decir, lo ético básico”.

“Durante todo el tiempo del viaje tuvo fe; creyó que Dios no le exigiría a Isaac, aunque estaba dispuesto a ofrecérselo en sacrificio si ese era el designio divino. Creyó en virtud del absurdo, porque todo aquello no tenía nada que ver con los cálculos humanos. Y el absurdo consistía en que Dios, que le reclamaba el sacrificio de Isaac, revocaría después esta exigencia. (…) Abraham creyó, creyó que Dios no le exigiría a Isaac. Sin duda que quedó sorprendido con el desenlace, pero en un santiamén había ya recobrado su estado primitivo mediante un doble movimiento y, por ese mismo motivo, recibió a Isaac con mayor alegría que la primera vez”. -Temor y Temblor, pag. 131.

Antes de Abraham, encontramos en Génesis la teoría creacionista del Big Bang o la Gran explosión y que la mayoría de la comunidad científica apoya. (Gn.1:1-19) En dicha teoría se habla de la expansión del universo, tal y como las palabras que pronuncia Dios en la cita bíblica mencionada. Sobre la presencia divina, Gottfried Leibniz, filósofo, jurista, teólogo y lógico, en su tratado la Teodicea, dice sobre la presencia divina: “Cuando Dios creó el universo, eligió como modelo el mejor entre todos los posibles. Desde ese momento Dios sabe lo que va a suceder a cada uno y en cada circunstancia. Desde aquel instante lo que sucede en el universo está predeterminado, sin que esto sea contradictorio con la contingencia ni con la libertad del ser humano (…) la presencia divina es expresión de su omnisciencia”

Estos filósofos retoman los textos bíblicos del antiguo testamento para recrear todo un tratado o ensayos. A decir verdad, no solo los filósofos lo hacen, la comunidad judía sigue estudiando el Antiguo Testamento y es que resulta lógico comprender que un árbol, no solo posee hojas o frutos, sino que es sostenido y vivificado por sus raíces, hoy, nuestras raíces son justamente los textos y la bendición que se esconde en el Antiguo Testamento.

Y ahí doy paso al segundo punto. El pueblo judío no puede estar errado, se trata de un pueblo herido, lastimado, que en muchos episodios de la historia ha tratado de ser exterminado, sin embargo perdura; más allá de los pueblos contemporáneos a este, los judíos siguen presentes en el mundo actual, se hacen notar por su solemnidad y respeto a la Torá. Es un pueblo que día a día se fortalece. Este pueblo no hace proselitismo sobre su fe, sin embargo, aceptan a quienes desean allegarse a ellos, tal como el caso de Rut o Tamar.

Mismo Yashua fue judío, los apóstoles fueron judíos. Yashua (Jesús) no vino a crear una religión formada por personas altaneras y que se creen más que otras solo por creerse “princesas o príncipes” de Él, seamos realistas, Él no vino a crear congregaciones para discriminar o para pedir dinero. Él vino a cumplir la Ley. ¿Cuál Ley? La Torá.

Los cristianos no pueden creerse superiores en conocimientos al pueblo judío y querer enseñarles sobre ellos mismos, sobre sus propias raíces, ellos conocen a la perfección las Escrituras. A groso modo, los cristianos surgen como protestantes a la religión católica con Lutero, cuando éste se percata que la salvación es por gracia y no comprando indulgencias. Los católicos surgen por el emperador Constantino cuyas raíces eran idólatras.

Nietzsche postuló: “El sacerdote protestante (Pastor) es el abuelo, el antecesor, el fundamento de la filosofía alemana; y el protestantismo es el pecado original de esta filosofía. Definición del protestantismo: la parálisis o estancamiento del cristianismo y de la razón…” “Ser cristiano significa tener una capacidad innata para ser cruel consigo mismo y con los demás; un odio contra los que piensan distinto y no creen en su dios; un deseo rabioso por perseguir a todo el que se oponga a su fe”. Fue en 1895 cuando este filósofo alemán escribió estas reales cosas. Hoy en el siglo XXI, siguen floreciendo apelando a la verdad.

Referente al pueblo judío y a los cristianos, escribió:

“…el cristianismo no es un movimiento contra el espíritu judío, es su consecuencia inevitable, fruto de su lógica terrible, expresada en la siguiente afirmación: “La salvación viene de los judíos”. ¡Palabras del Salvador! (…) los judíos son el pueblo más digno de atención, el más destacado de toda la humanidad (…) psicológicamente los judíos son personas muy fuertes con una gran resistencia, y ante conflictos y situaciones terribles (…) la iglesia cristiana es una imitación del pueblo judío”. –El Anticristo.

Por otro lado, en 1957, el filósofo Bertrand Russell, escribió: 

“La religión se basa en el miedo. El miedo es parte de la crueldad y, por lo tanto, no es de extrañar que la crueldad y la religión vayan de la mano”. –Por qué no soy cristiano.

En conclusión, Dios ha sido transformado por las religiones, por las malas interpretaciones o las interpretaciones a conveniencia, la Palabra de Dios enamora, seduce, intriga… las religiones no. Las religiones excluyen, someten, distorsionan y son crueles.

Creo en Elohim, Yashua HaMashiaj, no en las religiones.


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